
Fue en sus ojos que encontré Tu Luz.
Fue en su voz que percibí Tu «Sé»,
arjé de la creación.
Fue en su sonrisa que intuí Tu Misericordia.
Fue en su tacto fugaz que descubrí Tu Amor,
motor de mi corazón.
Fue en su mente que atisbé Tu Sabiduría.
Fue en su compañía que me invadió Tu Paz,
raíz de mi religión.
Yo sé que ella no eres Tú,
pero me guía a Ti
a través del caleidoscopio de su ser.
Yo sé, y Tú sabes más,
que ella es el espejo
donde se proyecta,
como en un sueño remoto
y vívido a la vez,
el aroma de los jardines,
la armonía de los ríos que corren,
la delicia de los manjares,
la sutileza de los aposentos,
y el esplendor de los mil millones de colores
del Paraíso...
Sé que ella no eres Tú,
pero me revela el Origen:
La miré y encontré al Yo.