
Existe
la belleza del vacío:
Dios conteniéndose a Sí mismo,
negando la nada,
dándole sentido a la nada...
El absoluto vacío donde Te reflejas,
donde Te sueñas,
donde Te entregas...
Aquel vacío al que lanzaste
Tu hálito de Amor
para contemplarte,
por compasión,
por misericordia
al clamor del silencio...
El vacío que saturaste
con la Palabra
a la orden de tu «sé»
que es, perenne,
el origen de los mil millones de universos
inefablemente bellos:
Por Ti,
por ti
y por mí,
rendido a mi Creador
y la más sublime de sus criaturas,
que desbordan mis sentidos,
que desbordan mi mente,
que desbordan el vacío,
pero sacian mi corazón.