
Estudiemos juntos la física del sueño
para encontrar la llave que explique los misterios,
para que el alma descubra los signos de los tiempos
y el oro que brota de tus labios fluya eterno.
Expliquémonos el uno al otro la ciencia de estar vivos
en otros planetas y entre páginas de libros
que nacen en la noche mientras brilla el destino
porque supe que en tu esencia yo fui concebido.
Proyectemos secuencias de números que cuenten
las veces que laten las estrellas de Oriente
pues siempre eclosionan y mueren por verte,
mas nunca descubren qué luz en ti resplandece.
Perfeccionemos la química de las miradas:
aquellas que pintan las flores del alba,
aquellas que invaden y ya no se marchan,
aquellas que inundan mi corazón de tu calma.
Traduzcamos al mundo la escritura de tus manos
para proclamar las teofanías que tú me has mostrado...
Aunque sé que en la Tierra pasarán los años,
aullaré en el desierto hasta que vuelva el verano.
Toquemos la música que despierte las visiones
que alumbrará tu sonrisa en mis días y mis noches.
Tal vez es tu pulso el que hechiza mi nombre
cuando absorbo frecuencias que me llevan al bosque.
Observemos los astros y seremos capaces
de danzar en el vacío cuando venga la tarde
y entender los abrazos que no tienen finales
como el día que seguí a la Luz en Su viaje.
Recorramos todo el universo para hacer cartografía
de las huellas de Dios que se agitan en la vida
de millones de seres que crearás si los miras
pues tú eres reflejo de ese Mar sin orillas.
Mezclemos colores y pintemos las dunas
con esos sabores que tanto nos gustan,
y devoremos las ansias y todas las dudas
pues yo sé que al final la respuesta es la Luna.
El cielo es el límite para tanto y todo
lo que el Maestro en su Plan definió en nuestro cosmos...
Cuando el Sol del verano nos muestre Su rostro,
tú sabrás que el origen lo he encontrado en tus ojos.