
Moría
por sentir
las estrellas
que ilustran tus manos:
sueños, preguntas, promesas,
como anhelando adivinar ese canto sutil
que brota de tu corazón, armónica maravilla.
En una atmósfera saturada de ayes y suspiros
se materializa la esencia de la verdad:
Dueños absolutos del tiempo,
tus ojos cristalizaron
mi aliento...
y al final
vivo.